Corrupción Administrativa
 
 

A manera de conclusión


Nuestra sociedad  al parecer está  reaccionando positivamente  en  orden a  combatir toda clase de corrupción. Sin embargo, una de las mayores luchas que se  vislumbran en  el futuro inmediato es la  de dar efectividad a esta cantidad de  leyes.

Con todo,  no creemos  que con solo  la parte represiva se pueda combatir  este problema, ni aún con la firme decisión del Gobierno o de las  autoridades de turno,  mientras no se tenga un control real de la forma como  se manejan los dineros públicos y de contratación.

Por ejemplo, un control real sobre todas y cada una de las transacciones que se efectúan con los  contratos administrativos, los controles  sobre las cuentas de esos dineros  lo mismo que el patrimonio de las empresas contratistas y de quienes la componen . Es sencillamente imposible  combatir con eficacia este problema si se trabaja aisladamente en la lucha contra la corrupción y además, sin un claro horizonte ético.

Además, se  requieren estudios muy profundos en aspectos sociológicos,  culturales y económicos, que inciden  con mucha más  fuerza que la simple  prohibición legal.

Mientras no se logre romper estructuras  culturales y señoriales como la  nuestra de contenidos  grandes de egoísmo, con claros visos feudales, es claro que poco  o nada se  puede hacer  en beneficio de la comunidad. Necesitamos convencernos con una cultura política democrática que nos incluya a todos, que rompa con las asimetrías existentes en la sociedad en cuanto acceso y uso del poder.

Por eso es que, en ese medio cultural, no es escándalo  la función del  político  que pide  dineros a los empleados, o que  exige  reconocimientos  por  adjudicaciones de contratos, incluso, también en esferas altas aún se  asimila  el poder por ejemplo de los Ministerios a una cuota de  participación  política también con un transfondo económico de botín y mantenimiento de la clientela.

Todo esto riñe con el principio de la prevalencia del interés público pues necesariamente estas formas de pensar imponen el desconocimiento de los  intereses nacionales en beneficio de los agentes de la corrupción.

Es interesante analizar otro aspecto que con bastante riqueza descriptiva hizo Daniel Samper, en un artículo en El Tiempo [1] , hablando de la manera como  el  colombiano  asimila una realidad como la que se dio  en el caso de nuestro paisano que fue encontrado con plutonio.

El comentario de  la gente es que  los colombianos somos unos "berracos" por hacer esto,  y al respecto de esa  afirmación  y del contenido que tal expresión conlleva, crea una teoría que   la denominó del vivo y  afirma: “La viveza constituye  en nuestra cultura  actual - y seguramente esto no solo es cierto en Colombia sino en otros  países- el valor más estimable.  Más que la honradez, que la belleza, que  la solidaridad o que la ilustración. Más que la inteligencia, si esta es  incapaz de producir resultados económicos. Más que el talento. Más que  la  laboriosidad, aunque seamos "trabajadores encarnizados".

 "Se admira  al audaz, al que  no solo consigue mucho, sino que lo consigue  pronto. No se admira al que recorre caminos, sino al que es capaz de  acortarlos, sin importar los valores que sacrifica. No basta con triunfar  para despertar admiración. Es preciso  triunfar por medio de un truco, una  habilidad o un riesgo importante. Si un hombre gana una fortuna en la  ruleta, podrá despertar envidia pero no admiración. Mi amigo se limitará  a  exclamar: "¡Tan de buenas!". En cambio si gana en el póker- que implica  haber burlado a otros y haberse jugado riesgos altos- contará con la sonrisa maravillada de mi amigo: " ¡Qué berraco! "...

Su artículo concluye en la necesidad de estudiar  esa forma de pensar, que  la tenemos todos, en mayor o menor grado; sin entenderla, será  muy difícil  cualquier forma de lucha contra la corrupción.

Sin participación de la ciudadanía en su articulación concreta de la vida comunitaria del barrio, de la acción comunal, de las veedurías en los servicios públicos, en los hospitales, en las ONGs, en las contrataciones públicas, en la planeación, ejecución y control de los fondos públicos, no se adquirirá la transparencia y el trabajo en equipo necesarios para el desarrollo humano sostenible. Esto tiene que ver con la lucha par disminuir ostensiblemente la desigualdad. “El factor clave para reducir la desigualdad en Amйrica Latina es emprender una reforma institucional”, dice                        Guillermo Perry, el Economista en Jefe del Banco Mundial para Amйrica Latina y el Caribe, y coautor del estudio “Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿ruptura con la historia?”. Según este economista, “para superar la desigualdad que socava los esfuerzos que hacen los pobres por salir de la pobreza, éstos necesitan ejercer mayor influencia en las instituciones políticas y sociales, lo que incluye a instituciones                       y servicios públicos, de salud y de educación. Para permitirles lograr esa influencia, las instituciones deben ser totalmente abiertas, transparentes, democráticas, participativas y fuertes”.

Como una última reflexión citamos  un comentario hecho por Denis Robert  en la presentación de su libro  "La Justicia  o el Caos" sobre este  problema, que también ataca a Europa: "Los mejores no tienen convicción y sobra  intensiva pasión de los  peores", escribió el poeta W.B. Yeats. La corrupción se ha convertido, en  toda Europa - y también en Latinoamérica-  en una lotería en la que se gana  nueve veces sobre diez. Y con absoluta  impunidad. Los escándalos que  sacuden a España, Francia, Italia o Alemania no son más que la punta   visible de iceberg que amenaza con hacer  zozobrar, a corto  plazo, las  democracias  occidentales. Mientras tanto, en este Titanic de desocupación,  plagas,  crecimiento incontrolable de la pobreza,  insolidaridad y aparentes  crisis económicas, otros danzan  al compás de paraísos fiscales, el lavado  de dinero de la droga, el fraude fiscal a gran  escala y las comisiones  ocultas.

"Son los ladrones de la democracia, los propagadores  del nuevo código  genético del dinero, que ya no produce riquezas sino que se reproduce a sí  mismo. Como un virus. Frente a esta  criminalidad financiera organizada a  escala internacional, los jueces se encuentran encadenados a procedimientos  arcaicos e interminables... y a la hostilidad  de un poder político que  beneficiario durante  decenios de este sistema de sombras, pone trabas a sus  investigaciones. La credibilidad  de las democracias representativas  está  en juego. ¿Que vendrá? ¿El dictador?  La multinacional desalmada? Si el  legislador no aborda un cambio de rumbo, esta  deriva acabará  con las  formas de convivencia hasta ahora conocidas"...

"Si la justicia no se aplica a todos con el mismo rigor, si el capitalismo  deja que el dinero sucio invada a cada uno de sus mecanismos, si el Estado  permite que el virus se instale en su edificio, lo debilite y finalmente lo  destruya, la confianza de los electores se traiciona minuto a minuto: el  futuro de Europa - y en general de todas las democracias incluida la  nuestra-  será el caos."

“La corrupción nos perjudica a todos” es un aserto evidente, que debe convocarnos a la participación muy propositiva, con el mejor esfuerzo, desde donde nos encontremos, en el ámbito público y privado, ubicados o con cobertura local, regional o nacional, a cumplir con probidad en todas nuestras actividades, de una manera natural y obvia, con la convicción de que la probidad nos favorece a todos, en especial a los de menores oportunidades, que no están a la caza de fortunas por cualquier medio y de un día para otro, sino que se apoyan en sus comunidades familiares y comunitarias; los dineros desangrados por la corrupción hace falta al Estado para corresponder con la disminución de la deuda social y la elevación de su calidad de vida, como tarea prioritaria.

Con todo, no se debe favorecer una posición maniqueísta como por ejemplo “los buenos somos nosotros”, sino que debe considerarse una visión sistémica de la corrupción, con raíces que se extienden no sólo a lo cultural, lo económico, lo político, y lo social. Ese conocimiento del fenómeno y el ejercicio de la probidad son elementos de la construcción del país que queremos,  de la mayor inclusividad, de trabajo por el bien común, sin exclusiones, propio de una ética de lo público. Una perspectiva sobre “La cuestión ética en el sector público” es muy pertinente como corolario ético, del profesor Jorge Etkin y la proponemos como lectura complementaria, con toda vigencia en nuestro contexto latinoamericano.



[1] Revista Carrusel del 9 de Septiembre de 1994

Corrupción Administrativa
Bogotá D.C. Colombia - 2003
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