Corrupción Administrativa
 
 

Indicadores de corrupción [1]

Resulta difícil medir la corrupción, un fenómeno que no está a la luz pública, y más aún construir índices de la misma a nivel internacional. El esfuerzo se viene haciendo desde los años de la década del cincuenta, cuando se buscaba evaluar el porcentaje del producto originado por actividades informales no registradas y no contribuyentes al fisco. De todas formas, son datos de difícil y costosa obtención y más problemática interpretación.

El estudio de casos para un sector público tan importante complementado con el de otras variables que parecen repetirse en los países latinoamericanos indican prácticas sospechosas de corrupción en siete países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Perú y Venezuela.

De todas maneras, una reciente investigación de Di Tella y Savedoff en el campo de la salud, publicada en el 2001 por el BID, muestra preocupación sobre una apreciable lista de prácticas ilícitas: robo de suministros médicos, ausentismo de doctores y enfermeras en el horario de trabajo, pagos excesivos en la compra y contratación de equipos y servicios, uso no autorizado de facilidades públicas para la práctica médica privada, referencia de los pacientes a consultas y laboratorios privados y recomendación de intervenciones quirúrgicas no necesarias (sobre todo cesáreas).

El método sobre casos concretos arroja mucha luz sobre la probabilidad de corrupción en departamentos críticos de la administración pública: contratos públicos sin o con concurso previo, desvíos presupuestales, la diversa gama de peculados, cohechos o concusiones, evasión de impuestos particularmente sobre los ingresos personales por ganancias y registro de actividades "off shore", fuera del país, subvaluación de valores declarados en aduanas o sobrevaloración de las exportaciones.

La mayor debilidad de los indicadores hasta ahora utilizados está en que prácticamente todos se basan en juicios subjetivos de personas con experiencia en un país calificándolo en ciertas variables a las que se otorga un valor determinado. La mayor ventaja es la presión ejercida sobre los países para purgarse de malas calificaciones. Especialmente "peligroso" para inversiones directas extranjeras es el publicado por Transparency Internacional que construye un índice de índices (siete).

El índice más respetado es el de "Impulse" una revista de negocios alemana que entrevista a 10 exportadores por país preguntando qué porcentaje del valor de la mercancía exportada tienen que pagar para poder funcionar en él.

El soborno es particularmente  injusto al tratar de modo distinto a quienes ante las leyes son iguales; menoscaba la legitimidad del Estado y puede minar la garantía máxima de la vida social: la independencia del Poder Judicial. De los daños morales no hay nada que decir que no se sepa: contribuye a hacer de los ciudadanos, sin excluir la opinión pública, profesionales del engaño y del cinismo.

Todos sabemos que la corrupción administrativa no es una exclusividad de la administración pública. Si definimos la corrupción como el abuso de las autoridades públicas (que en este contexto incluyen hasta empleados públicos del más bajo rango) para conseguir un beneficio personal, nada nos impide lógicamente hablar de la corrupción privada como el abuso de las autoridades de una empresa (igualmente sea cual sea su cargo) para conseguir un beneficio particular. Sin embargo, la corrupción está estrechamente vinculada en los estudios internacionales como de particular incidencia en el ámbito público. Más aún la mayor parte de los delitos de corrupción administrativa pública tienen como cómplice o iniciador a personas y empresas privadas.

La corrupción administrativa pública puede ser sistemática o caótica. La corrupción sistemática consiste en un sistema de oportunidades altamente propicio a la apropiación de rentas o recursos del Estado que por numerosos vacíos legales funciona con cero probabilidad de impugnación legal o en la existencia de una reglamentación donde los funcionarios tienen discrecionalidad para asignar tasas impositivas o para conceder incentivos a su arbitrio.

La corrupción caótica no está ligada a aspectos institucionales, sino a la conducta para - o antilegal de algunas autoridades. Las tres modalidades más frecuentes son tal vez el soborno o aceptación no mandatoria de favores o ingresos para aceitar la tramitación de licencias o la obtención de contratos, la extorsión o empleo del poder para conceder a un ciudadano sus derechos y el desfalco o vulgar apropiación de bienes públicos. Otros casos más sutiles y más peligrosos son el tráfico de influencias o uso del poder a favor propio o de familiares (nepotismo) y la venta de secretos de oficio ("incide trading").

Curiosamente, la corrupción sistemática, al reducir el riesgo de detección o de penalización a cero, es mucho más previsible por potenciales empresarios, lo que les permite considerar la corrupción como un impuesto y no como un factor adicional "eficientizan" el gobierno al suministrar incentivos para su funcionamiento. Di Tella y Savedoff citan irónicamente a quienes creen que estos bonos ayudan a evitar el "red tape" que paraliza muchos proyectos y afirman que "pocas cosas hay peor para un país que tener una burocracia corrupta e entrometida, excepto tener una honesta y entrometida".

Hasta 1995, cuando Mauro publicó el primer indicador empírico de corrupción de diversos países, la falta de datos falsificables permitió a varios investigadores de la correlación entre corrupción y crecimiento económico afirmar que la corrupción podía favorecer el crecimiento. Triste prueba de un positivismo económico mal entendido y que se deja resumir en la frase de que para poder falsificar una hipótesis hay que tener pruebas estadísticas de carácter empírico. Como si no fuese más racional afirmar que no deben formularse  hipótesis sin sólidos datos empíricos.

Desde entonces se han publicado varios índices de corrupción o del ambiente de negocios que tienen a aquella como componente tradicional. Ahí están los índices de Ades-Di Tella, Economist Intelligence Unit, IMD, Transparency Internacional, International Country Risk Guide, Lehaman Brothers-Eurasia Group, Political Service Risk. Todos buscan indicadores de confianza de un país para inversores y medidas de los costos de la corrupción administrativa pública.

Sin embargo, los indicadores de gestión y de resultados derivados de sistemas que permitan tener la información en línea, permite tanto a administradores como a controladores hacer una mejor labor en sus campos; se trata de hacer equipo y no de rivalizar en la posesión de información que no sea estrictamente reservada. La ingeniería y la contaduría nacional están produciendo estas herramientas que no hay que desperdiciar, tanto en la empresa pública como en la privada.



[1] Seguimos en este aparte las ideas del jesuita  José Luis Alemán, S.J., en su escrito publicado en: El Caribe (República Dominicana), 5 mayo 2002

Corrupción Administrativa
Bogotá D.C. Colombia - 2003
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