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Introducción
Cada vez hay mayor conciencia entre los
colombianos sobre la importancia que tiene lo público en
la construcción del país que merecemos y deseamos.
Pero uno de los males de la humanidad entera, que lo hay en todas
partes pero en diversos grados, es el de la corrupción, que
en sentido lato puede extenderse a todas las cosas de este mundo,
que llevan consigo el germen de su propia evolución o de
su propia muerte.
En este sentido amplio, los alimentos si
no se mantienen en las condiciones adecuadas de refrigeración
o son sometidos a tratamientos especiales, se degeneran y se dañan;
el Código Penal relacionaría este hecho como susceptible
de atribuirse al imputable como sujeto del delito de corrupción
de alimentos o posible envenenamiento, o más allá,
como contaminación del medio ambiente. También se
llama corrupción a la de las costumbres sexuales, sobre todo
en relación con los menores, y se predica la penalidad de
los actos que en virtud de ellas una persona adulta comete con un/a
menor de catorce años. De estas clases de corrupción,
como de las costumbres en general en un momento dado de la sociedad
con relación a tiempos que se dicen mejores con evocaciones
nostálgicas, no estaremos hablando en el presente escrito.
El interés que nos llevó
a adelantar este breve estudio, fue el de poner a disposición
de las personas interesadas en el tema de la corrupción administrativa,
que en principio, tiene que ver con el deterioro del patrimonio
público, una herramienta que articule una información
de calidad compilada desde fuentes secundarias y de fácil
consulta. Procuramos abarcar el universo de controles establecidos
dentro de la arquitectura institucional colombiana, y la normatividad
vigente en materia de derecho internacional, constitucional, legal
y reglamentario, con la jurisprudencia que enseña la aplicación
en casos relevantes.
Confiamos en que esta modesta contribución
auspiciada por la Fundación Konrad Adenauer, se constituya
en un instrumento de la lucha contra la corrupción, y de
contera, para la construcción del país de justicia
y paz que necesitamos, porque sin la participación de los/as
constructores de paz, esa lucha queda relegada a las reacciones
represivas que apenas son una respuesta al fenómeno, pero
que deben estar concordantes con una dinámica sistémica,
propia de un país y de un mundo que debemos entre todos/as
dirigir hacia mejores grados de humanización. Ahora es el
tiempo de trabajar, porque mañana será tarde.
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